Tras más de 15 años de discusiones, los países miembros de la ONU alcanzaron un acuerdo para crear el primer tratado internacional de protección de la altamar y la biodiversidad de áreas que se encuentran fuera de las jurisdicciones nacionales. Se trata de un avance en las medidas dispuestas para contrarrestar las amenazas que pesan en ecosistemas vitales para la humanidad.
La altamar comienza donde terminan las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) de los Estados, a un máximo de 200 millas náuticas (370 km) de la costa, por lo que no está bajo jurisdicción de ningún país.
Pese a que representa más del 60% de los océanos y casi la mitad del planeta, la altamar ha sido ignorada durante mucho tiempo, ya que la atención se ha centrado en las zonas costeras y en las especies emblemáticas.
Con los avances de la ciencia, se ha demostrado la importancia de proteger todos estos océanos con una biodiversidad a menudo microscópica, que proporciona la mitad del oxígeno que respiramos y que limita el calentamiento climático, debido a que absorbe una parte importante del CO2 que genera la actividad humana.
Pero los océanos se debilitan, víctimas de estas emisiones (calentamiento, acidificación del agua), contaminantes de todo tipo y la sobrepesca.
Cuando el tratado entre en vigor después de haber sido formalmente adoptado, firmado y ratificado por un número suficiente de países, se podrán crear zonas marinas protegidas en aguas internacionales.
El tratado introduce también la obligación de realizar estudios de impacto ambiental de las actividades que se vayan a realizar en la altamar. Otro capítulo muy sensible, que mantuvo las tensiones hasta el último minuto, es el principio de compartir los beneficios de los recursos marinos genéticos procedentes de la altamar.